...
la casa cambió un desorden por otro...
cambiaron algunos muebles,
alguna pared se despojó de vestigios infantiles y se llenó con otros, igual de infantiles pero tan distintos...
cambió la ropa en los armarios,
el sitio dispuesto en el sofá...
cambiaron las cadenas del televisor y la radio subió el volumen, ocupando silencios desde tempranas horas...
cambiaron los libros, y se llenaron los huecos con cachivaches rescatados del olvido y el trastero...
en la casa se quedaron los regalos que se hicieron, con lazos y tripas de peluches, y cambiaban su sitio en la oscuridad de la noche, con pasitos discretos y furtivos, tratando de encontrar un nuevo lugar, donde pudieran ser vistos sin estorbar con melancolías y añoranzas no deseadas...
cambiaron las horas y las costumbres,
cambiaron los sueños...
cambiaron las conversaciones y las risas,
cambiaron los olores, las comidas
cambiaron los cajones, desprovistos de cosas tan personales y tan inútiles y se llenaron de otras tantas inservibles y resistentes al paso de los años...
cambiaron los pasos en la escalera...
cambiaron las fotografías de las paredes...
dejaron de ser dos sonrientes y abrazados y fue sólo ella,
también feliz, también hermosa, también alegre,
sonriendo a la cámara,
a la mano que sostenía la cámara,
a los ojos que miraban detrás de la cámara,
al hombre que por un momento se despojó del abrazo para coger la cámara...
sonríe...
click...
...