martes, 28 de abril de 2009

Cumpleando... Festejando...


¡¡Mañana es el cumpleaños de La Rucia!! ¡Su primer cumpleaños! Y para celebrarlo un completo programa de festejos: Museo del Prado, Vegaviana y "Cuento de invierno" en el Español. Entre medias, lo que venga. Y como, azares de la vida, también es mi cumpleaños, el miércoles se despoja de etiquetas laborables y se viste de fiesta, trajecito de colores y lazos hechos para la ocasión.

Y por si no me diera tiempo a soplar las velas mientras me apuro pensando un deseo, soplo ahora, y deseo que el nuevo año no me deje indiferente; quiero que sople fuerte el viento, el de fuera y el de dentro.
Quiero lágrimas en mis acartonados ojos, no de dolor, sino de sentimiento (aunque el sentimiento provoque dolor)
Quiero que se me queden cortas las vestiduras, y encontrar gigantes camuflados en molinos de viento.
Quiero leer palabras hermosas, conocer algún lugar donde sienta que podría vivir en él, encontrar ese balcón donde tener, al alcance de la mano, los tejados y los atardeceres del viejo Madrid.
Quiero ver el mar.
Deseo un viejo escenario cargado de siglos e historias.
Quiero que se me desborde la emoción, y palabras y sonrisas amables (amables de amar), y labios llenos de besos.
Quiero un año de abrazos y besos.
Y de deseos.

miércoles, 15 de abril de 2009

Último minuto

Siempre hay un último minuto para todo: agazapado, escondido en la oscuridad, o acechando a la vuelta de la esquina, de esa última esquina donde se dan cita la tristeza y la melancolía, en una última hora de la tarde, cuando un último suspiro de sol te recuerda que ya vino, que está ahí -en realidad, siempre estuvo- ese último minuto.

Siempre hay un último minuto para el vacío, para la soledad, para la tenaza en el estómago, para la incertidumbre, para el rencor, para la tristeza, para las lágrimas sobre el papel, para la nada, para la fotografía vieja, ya amarilla, ya gastada, para lo que no fue, o para lo que fue y no será.

Siempre hay un último minuto para un último poema, y un último beso, y un te quiero robado en un último intento. Siempre hay un último minuto para el amor.