miércoles, 25 de noviembre de 2009

El otro lado de la cama

...
Después de varias semanas
despertó
en el otro lado de la cama
y no supo
si estaba abrazando
el vacío de la ausencia
o si se estaba acostumbrando
a ella...
Se dio la vuelta
y siguió desvelándose en su lado
para dejar libre el espacio
no fuera a ser
que una llegada imprevista
lo encontrara
ocupado
con aromas
y recuerdos...
no fuera a ser
que una llegada imprevista
pensara que ya no estaba libre
su espacio...
no fuera a ser
que una llegada imprevista
no viera
que seguía ocupándolo
en sueños....

no fuera a ser...

después de varias semanas
despertó
ocupando el centro de la cama
con los brazos extendidos
acariciando
un lado
acariciando
el otro lado
llenando todos los vacíos
con la punta de sus dedos...

martes, 10 de noviembre de 2009

5 dólares

... que sobraron del viaje a Nueva York.
... cinco dólares
... que guardaste en el bolsillo de tus vaqueros diciendo "¿quién sabe? igual son los cinco dólares de la suerte"
... cinco dólares
... que hoy has sacado durante el ensayo, extendiendo tu mano diciendo "tus honorarios, Clara"
... cinco dólares
... que han provocado nuestras risas, frescas y esperanzadas por tantos proyectos que se avecinan
... cinco dólares... el último billete que has mostrado antes de mañana, donde tantas cosas, quizás, están a punto de suceder.
... cinco ... otra vez cinco... ¿será casualidad? ¿te dije que ... ?

... sí...
... ya te lo dije
... no me hagas caso

Lustros


"Proviene del latín lustrum que quiere decir limpio, puro (la palabra española "lustre" proviene de este vocablo), y se refiere a la ceremonia de la Lustración (purificación) que se celebraba cada 5 años y era la más importante de la Roma primitiva. En ella se celebraban una serie de ritos y una comida. Todos los pater familiae (los patricios) estaban obligados a asistir y el que no lo hiciera perdía sus derechos ciudadanos hasta la próxima lustración. Un castigo muy importante, puesto que se perdía hasta el derecho a pleitear"

Y hablando de lustros, y aprovechando que la próxima primavera (mucho más cerca de lo que parece) se cumple uno más (perdón, cumplo uno más; hay que ver cómo cambio los tiempos verbales cuando me interesa), será un buen momento para una gran ceremonia de purificación. Dentrodeunacaracola me pregunta que para cuándo la limpieza hepática, le digo que voy a seguir ensuciando el hígado un poquito más y que, una vez pasadas las navidades y demás excesos, haremos una limpieza entera: kitchery, zumo de manzana, sales de Epson, aceite de oliva y otros manjares, para finalizar con una gran ceremonia de Lustración. Además, mi cumple lustros del año que viene cae en jueves, que aunque sea el cuarto día en las nuevas culturas, es en realidad el quinto día de la semana.

¿Casualidad? hace mucho que dejé de creer en ella.

Así que voy a agasajar esta no-creencia convirtiendo el 5 en mi número favorito para el próximo año; esta decisión repentina me llena de ilusión y gran expectativa ante las navidades que se avecinan, pues en cinco termina el número de la lotería que juego todos los años -y que siempre toca-

Y el cinco es mucho más (bendita wikipedia)
Y mientras todo esto llega, voy a ir lustrando mis botitas de charol. Por si acaso. No sea que lleguen los reyes magos y las encuentren llenas de barro (de repente se me está llenando el alma de navidad ¿o será de lo de siempre?)

Otoño y propósitos

El otoño ya se ha instalado a sus anchas en el parque del Retiro. Así lo dice la Rucia, cascabeleando de alegría mientras pisotea hojas amarillas contra el viento. La Rucia y el otoño desafían mis -todavía- ocho lustros y mis acartonados propósitos, y una vez más rescato de la basura la lista de los buenos quehaceres.

Y de nuevo se derrumban lentamente, a medida que avanza la tarde y decido que prefiero reírme con Fibi -y de Fibi- que ordenar papeles, o dormir en el sofá arropada por Bella que memorizar diálogos, y tomarme una jarra helada de cerveza en lugar de un nutritivo e hidratante vaso de agua. Y el último de los propósitos cae hoy, cuando suena el despertador, en ese instante en que las soledades se hacen más patentes que nunca, y decido que es muy pronto -o muy tarde- para ir a nadar, y que estoy cansada de agendas y calendarios y horarios, y que para eso es otoño y ha llegado el viento.

Abro el blog, quizás para rescatar el penúltimo de los propósitos -seguir pegando unas letras a otras, aunque no tengan sentido, no vaya a ser que se me dispersen demasiado las ideas- y veo la pintada que fotografié del muro de Berlín, y rescato la otra imagen que colgué en La Rucia meses atrás, y repaso la crónica del periódico y del telediario de anoche y un pensamiento pasa fugaz por mi cabeza "me hubiera gustado estar allí".

Y mientras junto estas letras, casi sin sentido pero sí con un propósito, borro los pocos que quedan en mi cuadriculada mente y decido que la única lista que vale es la de la compra (no vaya a ser que compre demasiada lechuga y se me olviden las cervezas) y el único pensamiento que quiero es el que esté libre de todo desasosiego. Que para eso se inventó el viento. Para volar.