viernes, 4 de diciembre de 2009

...
Era de noche cuando se fue el mar.
Sólo se fue. Sin ruido. Como debe irse el mar.
Quiso correr tras él.
Pero no le alcanzan los pies.
Y ella le contempla, triste, compasiva, serena,
le ve correr tras el mar.
Y sabe que corre para ofrecérselo en un cuenco de fino cristal
para no ver sus ojos llorosos
para no morir de pena por los huecos que quedaron vacíos.
Le ve correr tras el mar.
Si corre mucho, quizás pueda traerle una caracola con rumores de olas.
Le ve correr tras el mar.
A él nunca le gustó el mar.
Ella lo sabe.