lunes, 17 de mayo de 2010

Simple belleza

...
La belleza adopta formas simples para mostrarse;
y la belleza perfecta se reviste de una perfecta simplicidad.
Es tan sencilla la vida, tan simples sus manifestaciones, tan claros y precisos los días y sus recovecos... pisamos fuerte, pretendiendo dejar una huella, la marca imborrable de que estuvimos allí. Pero sólo el agua o el viento pueden borrar el rastro de mis pies desnudos sobre la arena, y tendrá que venir fuerte la marea para conseguir borrar del todo el contorno de mi huella, el suave perfil de la piel, la pisada simple, sin artificios, sobre arena suave y cálida...

La belleza no precisa de extravagancias para manifestarse, simplemente es,
le cede el paso a la mirada limpia que la observa, que la descubre, que la respira.
Abro mis sentidos a la luz, a la suave música que envuelve el ambiente, a las palabras serenas. Me impregno de sencillez. Escucho verdades simples y milenarias, y me invade el deseo de la armonía, de abrir el cauce y los diques y que las aguas corran libres, pausadas, y mojen mis pies y mi alma.

Y como siempre, el deseo del equilibrio me invade atropelladamente, desordenadamente, me aturde y me paraliza ... pero vienen días de sosiego, días para salir al sol y respirar, días para descalzar los pies y permanecer inmóvil, con los ojos cerrados, sintiendo... solo sintiendo

"...quiero hacer de mi vida algo simple y recto
como una flauta de caña que tú puedas llenar de música.."
Rabindranath Tagore

sábado, 8 de mayo de 2010

Apatrullando la ciudad...

... con esa sensación de libertad que tengo cuando ruedo sobre el asfalto a ritmo de pedales, cantando la rucia feliz bajo una lluvia mansa; y agradezco al taxista amable que frena su marcha para que yo me incorpore a su carril, sintiéndome dueña de la calle, y canto bajito ... "apatrullando la ciudad"... y en ese momento sé que voy circulando sobre mis sueños y mi vida, vigilando las señales, atenta a los baches, divisando calles que se bifurcan y se cruzan, pero sigo en línea recta, por el camino transitado y conocido.

Será la lluvia -es la primera vez que la rucia se moja, la tengo mimada en exceso y no la dejo salir a la calle en los días lluviosos- que la vuelve más ligera limpiando el barro seco de las ruedas, o el olor de los árboles mojados, o los balcones viejos de calles pequeñas que me observan, mostrándose impúdicos a mi ávida mirada, pero nos hacemos más osadas, sorteando coches y transeúntes, abordando una acera en el justo momento del semáforo en rojo, retornando a la calzada delante de ese autobús que nos entorpecía la marcha.

Apatrullando calles y pensamientos y canciones y turistas y plazas antiguas, esquivando baches y nubes y tristezas, acelerando las cuestas abajo sin miedo a la caída, llegamos demasiado pronto a destino, a la luz tenue sobre plataforma de madera donde descansar la mente y reposar el alma, donde tomar prestada otra vida que convierta la mía en un cuento de hadas, donde las horas se deslizan y yo me olvido que fuera, en la calle, llueve. Suenan los truenos. Pero ahí dentro, la rucia y yo estamos a salvo. A ella le gustaría salir a brincar sobre los charcos, pero yo aguardo, distrayendo mi vida con otras, esperando que pase la tormenta y llegue la calma, con su olor a tierra mojada y arbustos en flor.

Quizá otro día.. saldré desnuda en mitad de la tormenta... a limpiar...
pero hoy no..
otro día
esperaremos a que venga...
y a que pase...
esperaremos
dentro
o fuera
...
ya vendrá ese día
...