martes, 22 de enero de 2013


En invierno volábamos sin rumbo fijo.
Al llegar la noche las alas se desplegaban,
el aire se volvía ligero y era fácil elevarse del suelo,
planear por un cielo oscuro de estrellas pequeñas.

Yo también volé a tu estrella una noche de frío.

Estaba la chimenea lista
y la leña preparada en un rincón.

Cuando rocé tu puerta
-suavemente, sin apenas hacer ruido-
un soplo helado me recibió.

Desperté en invierno
y salí a la calle...
a la nieve...
a reír en la nieve...


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